La primera obligación de un ciudadano no es ni la bandera, ni el honor retórico, ni las frases grotescas. La primera obligación de un ciudadano es mantener el precio de su moneda -y cuanto más alto sea mejor. El riesgo, la aventura, la combinazione (por decirlo en italiano), las sorpresas, las improvisaciones, los discursos, las promesas, me producen un malestar íntimo. Las cosas hiperbólicas no me han deslumbrado nunca. Lo único que pido es una seguridad -aunque sea mínima-, pero una seguridad que dure años y años y años. No pido nada más.
Josep Pla, vía Nihil Obstat.
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