Andaba releyendo un viejo texto de Richard Dawkins que provocó una enorme polémica en su momento. También he leído los comentarios de los lectores a ese texto y me ha sorprendido comprobar cuánto se parecen a los comentarios de los lectores a otros textos cuyos temas no tienen nada que ver con el del Richard Dawkins. Porque los textos y los artículos cambian, pero los comentarios, y muy especialmente los de odio, son generalmente siempre los mismos. Variaciones sobre un mismo tema.

Y me extraña la repetición invariable de ese patrón porque el lector tiene mucho que perder y poco que ganar con un comentario insultante. Para un periodista con un poco de ojo y de psicología de masas no es nada difícil plantear un texto de forma que todos los comentarios y reacciones que le cuelguen al pie confirmen, punto por punto, las tesis del artículo. Yo mismo lo hago frecuentemente. Y eso, evidentemente, sin saber de antemano que es lo que van a decir los comentaristas. En definitiva: lograr que los comentarios, y especialmente los más insultantes, se vuelvan como un boomerang contra su autor y acaben describiéndole a él en vez de al objeto de su ira es pan comido. Es la conversión del “tonto el que lo lea” en el “tonto el que comente”, algo que los anglosajones dominan con maestría. Lo realmente extraño es comprobar cómo el lector poco avispado pica y trabaja una y otra vez escribiendo un comentario que no le va a dejar precisamente en buen lugar. La mayoría de las veces el periodista ni siquiera ha de detonar la bomba, ya se encargan de hacerlo los lectores por sí solos en una especie de masacre voluntaria similar a la de los búfalos que se despeñan por un barranco tras una estampida absurda. Este extraño fenómeno desaparecería (en España) si en las escuelas y facultades universitarias se enseñará a leer, una habilidad intelectual que va bastante más allá de pasar la vista por encima de las palabras escritas en una hoja de papel o en la pantalla del ordenador. Por supuesto, para aprender a leer es necesario un cierto dominio y conocimiento del contexto, de los diferentes registros de escritura (no siempre obvios) y, casi más importante que ello, del mundo en el que vives. Si tu experiencia vital, en resumen, es la de un adolescente de 12 años, es probable que no entiendas absolutamente nada de lo que estás leyendo. No hace falta ser James Bond o un Navy Seal para ello, pero haber salido a la calle un par de veces en tu vida para enfrentarte a gente real suele ayudar. 

Pero eso es internet, el hogar de decenas de miles de personas que opinan sobre la realidad sin haberse enfrentado jamás a ella. La excepción son esas pocas páginas y blogs que han logrado crear pequeñas o no tan pequeñas comunidades de lectores más o menos habituales, lectores que suelen descolgarse con opiniones interesantes y razonadas, estén o no de acuerdo con el texto que comentan. Y lo repito: estén o no de acuerdo con el texto que comentan. Por supuesto, tengo clarísimo que este blog es uno de ellos. Siempre he dicho, y lo mantengo, que lo realmente interesante de este blog son los comentarios de los lectores. 

Por lo que les doy las gracias, además. Jamás he estado tan contento de no ser Richard Dawkins. 

Comentarios recientes

Comentarios del blog proporcionados por Disqus

1 Notas

  1. elpandemonium ha publicado esto