En este artículo se pueden leer estas perlas al respecto del despilfarro de las televisiones públicas:
“Un cámara mío [de una productora privada] cuesta 24.000 euros al año y uno de una autonómica 70.000…”
Y dos párrafos después, esto:
“Los sindicatos sostienen que no sobra ningún trabajador y culpan de las pérdidas al equipo directivo por su pésima gestión”.
Cobran un salario más de tres veces superior al precio real de mercado y dicen que la culpa es del gestor y que no sobra nadie. Ahí la han clavado: la culpa es del gestor por pagarle a técnicos con un nivel de cualificación similar al de un cajero de supermercado un sueldo que en este país no cobran ni los abogados.
Joder, que estamos hablando de casi 5.000 4.000 euros netos al mes para un tipo que dejó el colegio por inútil y al que le tuvieron que enseñar a enfocar la cámara porque el coco no le daba para más. Y ya les adelanto que una cámara no es precisamente un Formula 1, ¿eh? No hace falta ser Feynman para manejarla. En la facultad de periodismo la cámara se la enchufábamos al tonto de la clase: en cinco minutos se aprende a manejarla y el resto es cuestión de práctica. Por no hablar de los beneficios y los privilegios no estrictamente financieros que acarrea trabajar para el sector público.
Porque el problema ya no es el robo masivo y con alevosía que perpetran cada día en este país las administraciones públicas y los sindicatos: el problema es que estos chupópteros están distorsionando el mercado. Si los precios no se derrumban en este país como deberían hacerlo para ajustarse al poder adquisitivo real de los españoles es porque hay tres millones de parásitos, vulgo funcionarios, con una capacidad de compra y de endeudamiento hipertrofiada con respecto a la de la clase media. Es decir: que mientras haya fracasados del sistema educativo cobrando 5.000 4.000 euros al mes en el sector público por un trabajo que en el sector privado apenas merece 1.000, en este país el IPC no va a bajar.
Creo que la clase media de este país debería empezar a considerar las ya habituales manifestaciones de funcionarios por las calles de nuestras ciudades como agresiones. Cada berrido de uno de estos tipos es un “trabaja tú más por menos dinero para que yo pueda seguir disfrutando de mis privilegios”. Cada uno de sus gritos es una amenaza directa: “dame más”. Estos tipos están pidiendo guerra. En el sentido literal del término guerra. Ni siquiera las pulgas son tan tontas: parasitan al perro sarnoso del que viven, pero no lo matan. El sector público español está pidiendo que le retuerzan el cuello a la gallina de los huevos de oro para ver si produce más oro a mayor velocidad. Alguien tendrá que pararlos. Y si se desata el conflicto social, que se desate. Hay cinco millones de parados en este país dispuestos a hacer el mismo trabajo no cualificado de estos pencos por una tercera parte de su sueldo.
Y aún tienen cojones de andar por ahí diciendo no se qué tonterías de que la crisis la paguen los ricos. ¡Pero si ellos son los ricos! La nueva aristocracia. Miles de Marías Antonietas pidiendo pasteles para el pueblo. Que, para más cojones, también son ellos.
El peor tipo de privilegiado: el que ni siquiera tiene el cerebro suficiente como para darse cuenta de que lo es. Y de que lo es gracias al trabajo de gente que trabaja más horas y con mucha más eficacia que él, por un sueldo sensiblemente menor.
Y lo siento por los pocos funcionarios realmente esenciales en este país: fuerzas de seguridad, sanidad y poca cosa más. Pero al resto, incluidos los del sector educativo, que los mantenga su puta madre.
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